Empieza cada día más o menos a la misma hora. En algún momento después de las cinco, el bebé que se ha pasado la tarde durmiendo y comiendo tan tranquilo se convierte en alguien a quien no reconoces. La toma no lo arregla, mecerlo funciona a medias durante cuatro minutos, y a las nueve estás dando vueltas por la cocina preguntándote qué has hecho mal.
No has hecho nada mal. Es la hora bruja, y casi todos los bebés tienen la suya.
Qué está pasando de verdad
No hay una explicación única y limpia, y eso es parte de lo que la hace tan agotadora. Las dos que mejor se sostienen:
El final del día es mucho. El sistema nervioso de un recién nacido todavía está aprendiendo a filtrar la luz, el ruido, las caras y el hambre. Por la tarde el día se ha ido acumulando, y un bebé cansado y sobreestimulado cuesta más de calmar que uno descansado. A los adultos nos pasa igual; solo que no gritamos.
Las tomas en racimo de la tarde. Muchos bebés piden por la tarde tomas cortas y frecuentes, a veces cada media hora. Es un patrón normal, no una señal de que se te acabe la leche, y coincide casi exactamente con la hora bruja. Un bebé que quiere comer, se queja y vuelve a querer comer suele estar haciendo justo eso.
El calendario es bastante constante. El llanto en general aumenta a partir de las dos semanas, llega a su pico sobre las seis y se reduce mucho entre los tres y los cuatro meses. Ese último dato es el que conviene recordar en una mala tarde.
Qué suele ayudar
No existe un truco que funcione con todos los bebés, y quien prometa uno te está vendiendo algo. Lo que ayuda es bajar los estímulos y darle al bebé algo constante a lo que agarrarse:
- Bajar la luz pronto. Luces tenues y voces bajas desde media hora antes de la hora habitual. No evita el llanto, pero la habitación deja de sumar.
- Movimiento y brazos. Un fular o una mochila portabebés, un paseo lento, un balanceo suave y rítmico. Muchos bebés se calman antes en vertical contra el pecho que tumbados en brazos.
- Un sonido constante. Ruido blanco, un ventilador, el grifo abierto. Un sonido plano y continuo se parece más a lo que oyeron durante nueve meses que una habitación en silencio.
- Ofrecer la toma, pero leer la respuesta. Si se engancha y come tranquilo, era eso. Si se suelta llorando, deja de intentar calmar el llanto con comida.
- Un baño o un cambio de escenario. A veces reiniciar toda la situación funciona mejor que insistir en lo que no funciona.
Lo que no ayuda es probar seis técnicas en un cuarto de hora. Elige una, dale unos minutos y solo entonces cambia.
Si el llanto te está superando, está bien dejar a tu bebé en un sitio seguro, como la cuna, y salir unos minutos a respirar. Un bebé que llora cinco minutos en un lugar seguro está bien. Nunca sacudas a un bebé, por muy agotada que estés.
Con gemelos, la tarde es cosa de dos adultos
Aquí es donde los consejos habituales se quedan cortos. Con un bebé, una persona puede pasear y mecer durante dos horas. Con dos bebés que tienen cada uno su hora bruja, y que muchas veces coinciden, un solo adulto está en inferioridad.
Si sois dos, repartid la tarde por bebé. Un adulto, un bebé, y cada uno hace lo que le funcione al suyo. Es lo contrario de lo que funciona por la noche, cuando turnarse por horas deja dormir a uno. Por la tarde no duerme nadie de todas formas: hacen falta dos pares de brazos.
Si estás sola:
- Adelántate a la hora. Da de comer y cambia a los dos antes de que empiece la franja habitual, para que el llanto no sea también hambre.
- Deja a uno en un sitio seguro mientras calmas al otro. Un bebé que llora unos minutos en una cuna segura mientras calmas a su hermano no está desatendido. Son matemáticas.
- Cambia cada veinte minutos más o menos si los dos están inquietos, para que ninguno espere demasiado.
- Baja el listón para esa tarde. La cena puede ser una tostada. Hoy no hace falta bañar a nadie.
También ayuda saber de quién es la tarde más dura. Es habitual que un gemelo llore bastante más que el otro, y sin apuntarlo todo se mezcla en una tarde larga y mala. Si durante una semana anotas cuándo empieza y termina el llanto de cada uno, normalmente verás que uno tiene una franja previsible, y así es más fácil organizar al otro.
Cuando no es la hora bruja
El malestar de la tarde en un bebé que por lo demás come, moja y ensucia pañales y crece es normal. Pide consejo ese mismo día si:
- el llanto suena distinto de lo habitual, es muy agudo, débil o no para
- tu bebé está decaído, más dormido de lo normal o no come
- vomita varias veces o tiene sangre en las heces
- tiene menos de tres meses y 38 °C o más
Y fíate de tu intuición. Conoces el llanto normal de tus bebés mejor que nadie, incluida cualquier web. Si algo no te cuadra, vale la pena llamar.
Se acaba
En las peores tardes no parece una etapa. Lo es. La mayoría de los bebés están mucho más tranquilos por la tarde entre los tres y los cuatro meses, y con gemelos tienes el pequeño consuelo de que los dos suelen superarlo con pocas semanas de diferencia.
Mientras tanto: baja la luz pronto, elige una cosa y mantenla unos minutos, busca un segundo par de brazos si puedes, y recuerda que un bebé que llora en tus brazos mientras lo haces todo bien sigue siendo un bebé bien cuidado.